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Miércoles, 14 de Abril de 2010


El teléfono en el periodismo

Iris Hernández Rodríguez

La profesión periodística se ha servido desde sus inicios de la telefonía. Recabar datos, estrechar las relaciones con las fuentes y hasta realizar transmisiones en vivo para los medios audiovisuales o ganar inmediatez a la hora del cierre, prueban este hecho Los canales de comunicación han generado una amplia polémica, desde la irrupción irreversible de las nuevas tecnologías. Pero, al teléfono no se le ha podido escamotear su relevancia irremplazable.

Alexander Graham Bell habría estirado su chaleco, torcido la punta del bigote para entrar en la historia.

 El siglo XIX se hallaba a la altura del año 77. Al menos de esa manera la humanidad había confiado en los hechos. Durante decenas de años se aseguraba que la primera comunicación telefónica había tomado vida, cuando aquel norteamericano descubrió que modificando la corriente eléctrica continua se podían imitar las vibraciones de la voz humana. Un aparato emisor y uno receptor unidos por un único cable conductor permitieron el milagro.

Pero, no fue así. Un fallo del Congreso de los Estados Unidos le atribuye el mérito al italiano Antonio Meucci, quien lo demostró en público en Nueva York en 1860, 17 años antes de que Graham Bell lo patentara.

Se asegura que Bell aprovechó la convalecencia de un accidente que postró a Meucci. Así patentó el invento. Antonio murió en 1889 esperando el momento que le devolviera el fruto de su ingenio.

En Cuba se levantaron por primera vez los auriculares a escala pública en 1881. Por cierto, poco después, una central automática habanera llegó a incluirse entre las más modernas del planeta. Sus líneas estaban conectadas con el territorio de los Estados Unidos por medio de un kilométrico cable submarino que descansaba sobre el fondo del Estrecho de la Florida.

A La Habana le corresponde el mérito de servir de escenario para los experimentos del italiano Meucci. En el período inicial se realizaban pruebas y pocas instalaciones con equipos importados de Estados Unidos. Escaso tiempo después el servicio cobraba importancia en la sustitución y mejoramiento del telégrafo. Mas el año del nacimiento oficial de la telefonía pública aquí data de 1881. Y, como era de suponer, el beneficiario número uno fue el representante de una sociedad norteamericana.

Las páginas históricas del teléfono en la isla grande incluyen con colores vivos la aparición de una central automática entre las primeras del mundo, al tiempo que se inauguraba el servicio nacional en 1910. De forma similar debutó la red telefónica internacional en 1916, mientras se conectaban las dos redes nacionales con un cable submarino.

Durante toda esta etapa no es difícil imaginar a quien pertenecía el servicio y sus dividendos: la recién estrenada Cuban American Telephone and Telegraph Company. Con el triunfo del 59 los foráneos dejaban atrás un pobre desarrollo telefónico en el interior del país y contados aparatos registrados.

No obstante, el impulso fue lento en el primer decenio y luego se asiste al crecimiento anual más elevado de la densidad telefónica entre 1972 y 1982 (3,54 por ciento), pues coincide con la instalación acelerada de líneas de una punta a la otra del país. De 1982 a 1992, fue de 2,26 por ciento. En toda esta etapa se desarrollan las comunicaciones internacionales, las de larga distancia por microondas y, posteriormente, por cable coaxial.

En aquellos primeros años, el servicio no se asemejaba al de ahora. Los equipos eran pesados, grandes, de manigueta y se debía pedir toda llamada a las operadoras, generalmente mujeres. Y sus poseedores pagaban caro el privilegiado lujo.

Ni siquiera Antonio Meucci podía predecir la significación que lograría el invento. Hoy el avance tecnológico no cuestiona su existencia, sí cómo hacerlo más perfecto, al punto que se comercializan algunos que no solo reproducen alta fidelidad en la voz, sino que ofrecen una serie de funciones como números memorizados, desvío de llamadas, espera de llamadas en línea e identificación del emisor, unido a la posibilidad de portarlos en los bolsillos.

Lejos de la añeja polémica sobre el inventor del aparato telefónico de si Graham Bell se adjudicó la patente de la creación de Antonio Meucci, a estas alturas del progreso no he escuchado ningún vaticinio atrevido de que en un futuro cercano pudiera eclipsarse esta prestación. Los canales de comunicación evolucionan, llegaron a niveles insospechados hace una década, sin embargo al teléfono solo se le relaciona con perfeccionamiento. Nunca desaparición, ni siquiera con la ampliación en el uso del correo electrónico.

(Fuente ecotunero.cu)
 

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