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El
teléfono en el periodismo
Iris
Hernández Rodríguez
La profesión periodística
se ha servido desde sus inicios de la telefonía. Recabar datos,
estrechar las relaciones con las fuentes y hasta realizar
transmisiones en vivo para los medios audiovisuales o ganar
inmediatez a la hora del cierre, prueban este hecho Los canales de
comunicación han generado una amplia polémica, desde la irrupción
irreversible de las nuevas tecnologías. Pero, al teléfono no se le
ha podido escamotear su relevancia irremplazable.
Alexander Graham Bell habría estirado su chaleco, torcido la punta
del bigote para entrar en la historia.
El siglo XIX se hallaba a la altura del año 77. Al menos de esa
manera la humanidad había confiado en los hechos. Durante decenas de
años se aseguraba que la primera comunicación telefónica había
tomado vida, cuando aquel norteamericano descubrió que modificando
la corriente eléctrica continua se podían imitar las vibraciones de
la voz humana. Un aparato emisor y uno receptor unidos por un único
cable conductor permitieron el milagro.
Pero, no fue así. Un fallo del Congreso de los Estados Unidos le
atribuye el mérito al italiano Antonio Meucci, quien lo demostró en
público en Nueva York en 1860, 17 años antes de que Graham Bell lo
patentara.
Se asegura que Bell aprovechó la convalecencia de un accidente que
postró a Meucci. Así patentó el invento. Antonio murió en 1889
esperando el momento que le devolviera el fruto de su ingenio.
En Cuba se levantaron por primera vez los auriculares a escala
pública en 1881. Por cierto, poco después, una central automática
habanera llegó a incluirse entre las más modernas del planeta. Sus
líneas estaban conectadas con el territorio de los Estados Unidos
por medio de un kilométrico cable submarino que descansaba sobre el
fondo del Estrecho de la Florida.
A La Habana le corresponde el mérito de servir de escenario para los
experimentos del italiano Meucci. En el período inicial se
realizaban pruebas y pocas instalaciones con equipos importados de
Estados Unidos. Escaso tiempo después el servicio cobraba
importancia en la sustitución y mejoramiento del telégrafo. Mas el
año del nacimiento oficial de la telefonía pública aquí data de
1881. Y, como era de suponer, el beneficiario número uno fue el
representante de una sociedad norteamericana.
Las páginas históricas del teléfono en la isla grande incluyen con
colores vivos la aparición de una central automática entre las
primeras del mundo, al tiempo que se inauguraba el servicio nacional
en 1910. De forma similar debutó la red telefónica internacional en
1916, mientras se conectaban las dos redes nacionales con un cable
submarino.
Durante toda esta etapa no es difícil imaginar a quien pertenecía el
servicio y sus dividendos: la recién estrenada Cuban American
Telephone and Telegraph Company. Con el triunfo del 59 los foráneos
dejaban atrás un pobre desarrollo telefónico en el interior del país
y contados aparatos registrados.
No obstante, el impulso fue lento en el primer decenio y luego se
asiste al crecimiento anual más elevado de la densidad telefónica
entre 1972 y 1982 (3,54 por ciento), pues coincide con la
instalación acelerada de líneas de una punta a la otra del país. De
1982 a 1992, fue de 2,26 por ciento. En toda esta etapa se
desarrollan las comunicaciones internacionales, las de larga
distancia por microondas y, posteriormente, por cable coaxial.
En aquellos primeros años, el servicio no se asemejaba al de ahora.
Los equipos eran pesados, grandes, de manigueta y se debía pedir
toda llamada a las operadoras, generalmente mujeres. Y sus
poseedores pagaban caro el privilegiado lujo.
Ni siquiera Antonio Meucci podía predecir la significación que
lograría el invento. Hoy el avance tecnológico no cuestiona su
existencia, sí cómo hacerlo más perfecto, al punto que se
comercializan algunos que no solo reproducen alta fidelidad en la
voz, sino que ofrecen una serie de funciones como números
memorizados, desvío de llamadas, espera de llamadas en línea e
identificación del emisor, unido a la posibilidad de portarlos en
los bolsillos.
Lejos de la añeja polémica sobre el inventor del aparato telefónico
de si Graham Bell se adjudicó la patente de la creación de Antonio
Meucci, a estas alturas del progreso no he escuchado ningún
vaticinio atrevido de que en un futuro cercano pudiera eclipsarse
esta prestación. Los canales de comunicación evolucionan, llegaron a
niveles insospechados hace una década, sin embargo al teléfono solo
se le relaciona con perfeccionamiento. Nunca desaparición, ni
siquiera con la ampliación en el uso del correo electrónico.
(Fuente
ecotunero.cu)
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