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La
prensa de Las Tunas en la zafra del 70
Juan E. Batista Cruz
El periodismo tunero, con 150 años de historia,
es rico en la cobertura a disímiles acontecimientos, desde la
guerrita conocida por La Chambelona, hasta el acontecer de medio
siglo de libertad y justicia tras el victorioso primero de enero de
1959.
Los periódicos locales, encabezados por el
decano del siglo XX en esta comarca, El Eco de Tunas, reflejaron el
quehacer de esta comunidad, pero siempre con las limitaciones
propias de la cacareada libertad de prensa burguesa, presta a
censurar cualquier señalamiento que pudiera perjudicar los intereses
de los politiqueros de turno o de sus amos, los vecinos del Norte.
La prensa revolucionaria, el periodismo de
nuevo tipo, llegó el 17 de mayo de 1963, con la fundación del
semanario El Trabajador, el único periódico del país que se mantuvo
poco menos de dos años gracias al trabajo voluntario, sin un solo
periodista profesional.
En el contexto de la nueva sociedad, por la
necesidad de defender la Revolución en la compleja batalla de las
ideas, la prensa de nuevo tipo en Las Tunas, acumula mucha
experiencia, no solo en los periódicos, sino en los noticieros de
radio, cuyo ejemplo más notorio está en el de Radio Circuito y Radio
Puerto Padre, hoy Victoria y Libertad.
Pero la más singular experiencia comenzó hace
40 años, el 17 de noviembre de 1969, con la arrancada de la Zafra de
los 10 millones en el central Perú, del municipio de Jobabo y que se
consolidó desde el punto de vista organizativo, en diciembre.
El continuador de El Trabajador como órgano
informativo de la región Tunas-Puerto Padre, fue Mochas y Caña, el
cual quedó solo para el territorio puertopadrense, por cuanto la
estrategia para la gran contienda azucarera, determinó que en vez de
una, existieran dos estructuras regionales en esta zona, clave en
los objetivos generales por contar con cuatro grandes colosos.
Es así que surge la región Puerto Padre con los
centrales Argelia Libre, Antonio Guiteras y Jesús Menéndez, y se
funda la de Tunas, en la cual está enclavado el coloso Perú,
sometido a una gran inversión para elevar a 750 mil arrobas su norma
de molida diaria.
Nació así el semanario El Forjador, que sería
el órgano informativo de esta nueva región. Su primer número vio la
luz el 16 de abril de 1969 en la imprenta El Mundo, de Jobabo, por
que su sede, la misma que tuvo El Eco de Tunas, estaba sometida a
una reparación capital.
Por la importancia del trabajo de información y
propaganda en el esfuerzo por lograr los 10 millones de toneladas de
azúcar, se determinó trasladar el personal y todos los equipos del
periódico para unos albergues construidos junto a la planta de
maceración Makenaf-II, en Jobabo, a fin de editar no solo el
periódico, sino los partes diarios de la marcha de la zafra.
Fue una experiencia inolvidable. El colectivo
de periodistas y personal de imprenta, incluido este reportero,
asumió con mucha responsabilidad la tarea, no solo de garantizar la
salida del semanario, sino de ayudar en la confección del parte
diario y de su cotidiana distribución junto con los periódicos
Sierra Maestra, Granma y Juventud Rebelde.
En este esfuerzo sirvió de mucho que se nos
asignaran bicicletas, medio ideal para los largos recorridos hasta
los campamentos de macheteros, en horas de la madrugada. Esta tarea
se unió a la elaboración de trabajos para el periódico oriental y
los de circulación nacional, además del aporte, mocha en mano, de
250 en movilizaciones de cada semana, casi siempre sábados o
domingos.
Mientras tanto, en la región de Puerto Padre,
siguió circulando el semanario Mochas y Caña, pero se creó un
boletín diario con el nombre de VAN, en cuya tarea, los periodistas
de esa parte de la actual provincia tunera, trabajaron noche y día,
sin apenas descanso, en aras de garantizar una eficiente información
sobre la gran epopeya de 1969-1970.
Los colectivos de ambas regiones tuvieron,
igualmente, una participación importante en la salida del periódico
Recta Final, el cual se editó cotidianamente para la zona norte de
Oriente, en el esfuerzo extraordinario del cierre de la histórica
contienda azucarera en pos de los 10 millones.
Aquella gesta es inolvidable y la experiencia,
realmente única. El esfuerzo de casi 20 horas diarias fue vital en
el fortalecimiento de nuestra conciencia revolucionaria, marcó el
compromiso de la prensa de nuevo tipo con los trabajadores, con el
pueblo, en busca de un objetivo común: construir el socialismo en
Cuba.
(Fuente
Ecotunero)
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