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El Alerta de Fidel Castro
Neiky Machado
Flores
¡Atención, atención! La verdad sobre la
muerte del obrero Carlos Rodríguez en manos de importantes
jefes de la policía. ¡Atención, atención! ¡Lo dice Alerta y
es verdad!
Ese pudo ser el anuncio del 11 de
septiembre de 1951, de los más importantes vendedores de
periódicos de la capital cubana. Y aunque nadie puede |

Además del periódico Alerta,
Fidel Castro escribió durante la República en la revista
Bohemia y los periódicos Son los mismos, El acusador, La
palabra, La calle. |
| asegurarlo después
de tanto tiempo, el uso del lema que tenía Alerta —ajustado
a la pregonada veracidad de la prensa republicana— y el
titular más importante de la jornada, le confirieron al
joven diario un buen motivo para aumentar las ventas. |
Ese titular en la primera página tuvo de todo:
crónica roja, denuncia de un asesinato, investigación y la firma de
un miembro del Partido Ortodoxo (en este caso de Fidel Castro).
Similares ardides empleó siempre Alerta para recorrer las calles
habaneras desde que vio la luz en los talleres del Diario de la
Marina, el 25 de septiembre de 1935.
SECRETOS DE UNA
REDACCIÓN
Transitó varios predios el periódico hasta ser
el diario de Vasconcelos, como se le conoce en la historia de la
prensa nacional. Tras Jorge Fernández de Castro, su primer director,
ocuparon la silla de las decisiones Ricardo Villares, Antonio
Iraizos, Raúl Alfonso Gonsé y Ramón Vasconcelos, por supuesto.
Con una larga tradición en el periodismo
nacional, el mérito de ser maestro de periodistas y editorialista
famoso, este último se convirtió en uno de los pocos dueños de
diarios cuyas cualidades profesionales sobraban. Acompañaron al
director, como era habitual entonces, un jefe de redacción, otro de
información, uno de publicidad y una nómina de articulistas y
reporteros con algunas de las mejores plumas republicanas.
Así, Raúl Lorenzo, Rafael Estenger, Loló de la
Torriente, Julio de Céspedes, Ventura Ruiz, Eduardo H. Alfonso,
Fausto Miranda escribieron en las 16 páginas que presentaba Alerta
habitualmente. Sin embargo, frecuentes variaciones de formato le
hicieron alcanzar las 30 páginas, a partir de la abundancia
informativa y publicitaria que hubiese para cada edición.
Sus primeros quince años como publicación
vespertina se imprimieron a la sombra y con la tinta del Diario de
la Marina. Pero el primero de septiembre de 1950 inauguró un
edificio-taller en la calle capitalina de Carlos III, esquina a
Oquendo, el mismo que editó después de 1959 el periódico Revolución.
A partir de entonces, Alerta se distinguió por la edición de
trabajos que seguían posiciones editoriales únicas, auténticas.
Porque este diario, sin que tuviera una
novedosa distribución de los contenidos por áreas temáticas —salvo
la excelencia de los editoriales que Entreactos publicaba
Vasconcelos—, sin que poseyera un amplio plan de regalos, ni
suscriptores en provincias, se vendía en grandes cantidades solo en
la capital.
Ahora bien, aunque miembro del Bloque Cubano de
Prensa, a esta nunca independiente publicación —a pesar de que
prometió serlo— distinguió la cobertura de primicias relacionadas
con las luchas del pueblo contra los gobiernos auténticos.
UN ALERTA TRAS LA
NOTICIA
Una estrategia de titulares y ubicación en
planas como la que exhibió, hubiera bastado para llenar los
bolsillos del reconocido panfletista cubano, tanto de dinero como de
orgullo.
Contrario a las posiciones políticas de los
gobiernos auténticos, pudo no asombrar a nadie que Vasconcelos
publicase las denuncias sobre corrupción del ejecutivo, escritas por
el entonces abogado Fidel Castro. Tiraron las rotativas de Alerta
aquellos tres artículos titulados Prío rebaja la función de nuestras
fuerzas armadas; 34 fincas compradas en una sola provincia y 18 000
mensuales dan las pandillas en Palacio, y la investigación seria y
profunda encontró su eco en la publicación.
Sin embargo, el seremos libres o mártires en
1956 que anunció desde primera plana, la exclusiva entrevista
realizada por un reportero de ese diario al líder del Movimiento 26
de Julio, sin dudas constituyó una cobertura que hizo historia desde
entonces.
Ya en ese momento, Vasconcelos era ministro de
Comunicaciones del dictador Fulgencio Batista, censor oficial del
gobierno. Parece que en Alerta su olfato periodístico primó por
encima del lápiz rojo del funcionario que tacha en las publicaciones
impresas.
Mas su quehacer como juez de periódicos y
revistas en nombre de la dictadura llevaron a descrédito a su
publicación. Y el primero de enero de 1959 fue el último día que
circuló el periódico de Vasconcelos, el mismo que en cuatro
ediciones llevó también el alerta de Fidel Castro.
(Fuente
cubahora.cu)
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