|
De
Cienfuegos, publicaciones y memorias
Sabdiel Batista Díaz
A muchas personas que visitan la ciudad cubana
de Cienfuegos les llama la atención la cantidad de bustos,
esculturas y tarjas conmemorativas que se alzan en la urbe, algunas
por su valor artístico y otras porque están dedicadas a personajes
poco conocidos por los visitantes foráneos.
La Oficina de Patrimonio tiene censados 18
bustos y 5 esculturas, la última de estas dedicada al Bárbaro del
Ritmo, Benny Moré e hija de las manos de José Villa, se encuentra en
el Paseo del Prado. Tres de los bustos son los que llamaron más mi
atención y no es por minimizar la importancia del resto, sino
porque de una forma u otra comparto con los homenajeados la
profesión.
En la calle 37, entre avenida 52 y 54 se alza
un busto dedicado a María de las Mercedes Dolores Leandra Matamoros
Del Valle, que además de la distinción de un nombre de abolengo
venido a menos, merece el reconocimiento por su quehacer en las
letras cubana del siglo XIX.
Ofelia, como firmaba sus trabajos María de las
Mercedes y otra larga lista de apellidos, no se dedicaba propiamente
al periodismo. La profesión de buscar y redactar las noticias,
durante esa época en Cuba rondaba las fronteras de la literatura y
muchas veces penetraba en sus terrenos. Del periodismo como medio de
cambiar actitudes y formas de pensar no se hablaba. El carácter
manipulador y persuasivo de la prensa todavía era desconocido para
el público receptor porque las grandes investigaciones en
comunicación no empiezan hasta el siglo XX.
Los periódicos eran muchas veces semanarios y
la lentitud en las comunicaciones atentaba contra el libre flujo de
las informaciones. Una de las características de la prensa periódica
era publicar muchas crónicas de sociedad, informaciones comerciales
y poemas o comentarios literarios sobre sucesos locales, la mayoría
de ellas sin el crédito.
La dama Ofelia vio la luz por primera vez en
Cienfuegos el 13 de marzo de 1851, pero después de poco tiempo se
radicó en Guanabacoa. El dominio de varios idiomas le hace posible
traducir y publicar obras de Lord Byron, Chernier, More y
Longhellow.
Publicó sus poemas a partir de 1860 en el
periódico capitalino El Siglo y alternaba sus crónicas de sociedad
con El Occidente, La Opinión y El País. Ofelia logró incluirse en el
selecto grupo de hombres que escribían para las publicaciones
periódicas de la época y terminó su carrera escribiendo poesías. No
es hasta 1892 que se hace un volumen con toda su poesía y crónicas
publicadas. María de las Mercedes Dolores Leandra Matamoros Del
Valle murió el 25 de agosto de 1907 pero sus obras perduran,
encabezadas por los poemas La Mejor Lágrima, El último amor de Safo
y La muerte del esclavo.
En el parque José Martí de la ciudad de
Cienfuegos, existe desde la década del 20 del pasado siglo un busto
dedicado a Antonio Hurtado Del Valle, “El Hijo del Damují”. Este
insigne patriota sureño no se ganó su sobrenombre solo por su
desempeño como mambí, sino también por su labor periodística. Fue
Redactor de La Hoja Económica, primera publicación periódica de la
ciudad, que saliera al público el 15 de noviembre de 1845 fundada
por Francisco Murtra.
A los 18 años era ya director de El Fomento,
perteneciente a D. Eduardo Freixas. El 28 de julio de 1866 publicó
en el rotativo capitalino El Siglo el artículo “Cartas de
Cienfuegos”, que luego José Martí incluyera en la recopilación “Los
Poetas de la Guerra”, New York, 1893.
En agosto de 1868 fundó el semanario literario
El Damují, al que debe su sobrenombre. Durante estos años fue
corresponsal del periódico madrileño El Aurora, colaborador de El
Correo, de Trinidad; El Central, de Las Villas y la revista Cuba
Literaria.
Su labor periodística estuvo siempre vinculada
a ideas progresistas. Durante la Guerra Grande, ya comandante por
sus acciones combativas, es Diputado por Las Villas a la Cámara de
Guáimaro y en 1874 fue nombrado Subsecretario del Interior por el
Presidente de la República, Salvador Cisneros Betancourt, además de
ejercer interinamente como Subsecretario del Exterior.
La fiebre palúdica pudo más que su temple el 7
de junio de 1875 y sus sueños de liberación casi se desvanecieron
junto a su obra literaria y periodística, por obra y gracia de la
costumbre de no firmar los artículos. En 1885 se publica toda su
obra en el volumen Producciones, con prólogo de Manuel Pruna Santa
Cruz. El pueblo de Cienfuegos reconoce al Hijo del Damují como uno
de los iniciadores del periodismo en la zona central del país.
Otro de los personajes de las letras a los que
se le ha dedicado un busto en la ciudad sureña es a Enrique Edo
Llopp. En 1921 se erigió un monumento de mármol blanco en su honor
en la calle 37, entre avenidas 52 y 54. Edo Llopp no es cienfueguero
de nacimiento; pero este valenciano nacido en 1837 se aplatanó desde
muy joven en la tierra de la majagua. Publicó el semanario satírico
El Chismoso en 1862, siendo la primera publicación de este tipo en
la región central. Más tarde colaboró en El Fomento y llegó a ser el
dueño de El Telégrafo, otra de los emblemáticos periódicos de la
ciudad.
El órgano oficial del Partido de las Reformas,
El Comercio, fundado y dirigido por él, tuvo una vida efímera a
pesar de contar con prensa de máquina y servicio de telégrafo, un
adelanto para la época. Fue suspendido en 1869 por orden
gubernamental debido a la propaganda antiespañola que se hacía desde
sus páginas. En los años 1862 y 1888 publica en la ciudad sureña el
libro “Memorias Históricas”, bibliografía obligada para conocer la
ciudad en esos años.
De los 18 bustos que existen en Cienfuegos 4
son en honor a ricos ciudadanos que sobresalieron por sus aportes a
la ciudad, 6 a figuras del arte entre los que se cuentan los 3
reporteros-poetas mencionados y 3 a José Martí, rica personalidad en
valores humanos y por sus aportes a la nacionalidad, a la cultura
cubana y al periodismo.
(Fuente:
Gaceta de Jagua)
|