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Si de libros se
trata…
Juan Morales Agüero
La vida moderna no se podría concebir sin la
presencia de los libros, esos amigos imprescindibles a quienes
debemos agradecer la generalización a escala planetaria de todo el
saber humano en los campos de la ciencia y la técnica.
Los primeros libros eran planchas de barro
grabadas con caracteres realizados con punzones. Las civilizaciones
que los utilizaron fueron los sumerios y los babilonios. Más
próximos a los libros actuales eran los rollos de los egipcios,
griegos y romanos, compuestos por largas tiras de papiro que se
enrollaban en un palo de madera.
El libro impreso más antiguo del mundo, Sutra
del Diamante, es un texto budista elaborado en China en el año 868
d.C. Fue descubierto a principios de siglo XX por el orientalista
Sir Marc Aurel Stein en una cueva en el noroeste de China, y se
considera que formaba parte de una biblioteca escondida allí
alrededor del año 1000 DC.
Consiste en un papel gris impreso con
caracteres chinos y enrollado en un cilindro de madera. Aunque en la
cueva aparecieron otros textos impresos, Sutra del Diamante es el
documento más antiguo con una fecha claramente indicada: mayo de 868
DC. El libro fue elaborado por un hombre llamado Wong, quien lo
dedicó a sus padres.
Fue impreso cientos de años antes de la
invención de la imprenta, la cual data de 1450, cuando el alemán
Gutenberg imprimió su Biblia de 42 líneas, de la que solo existen
tres ejemplares impresos en piel. Sutra del Diamante es una de las
joyas de la Biblioteca Británica.
El Tripitaka, otro texto budista, que alcanzaba
las 130 000 páginas, fue impreso en el 972. Por supuesto, imprimir
libros a partir de bloques reutilizables resultaba más rápido y
cómodo que tener que escribir las distintas copias del libro a mano,
pero se necesitaba mucho tiempo para grabar cada bloque, y se podía
utilizar para una sola obra.
En el siglo XI, los chinos inventaron también
la impresión a partir de bloques móviles, que podían ensamblarse y
desensamblarse entre sí para componer distintas obras. Sin embargo,
hicieron muy poco uso de este invento, debido a que el enorme número
de caracteres hacía prácticamente inabordable la utilización de este
sistema
No fue un cubano el editor de nuestro primer
libro. Ese acontecimiento se le debe al belga Carlos Habré, dueño de
una antigua imprenta francesa muy próxima a la Iglesia del Espíritu
Santo, en el centro histórico de la ciudad. El primer libro impreso
en Cuba apareció el 11 de enero de 1723. Se llamó Tarifa General de
Precios de Medicinas, un folleto de 28 páginas pequeñas con formato
de 23 por 14 centímetros. La impresión de Habré se realizó por hojas
y no por pliegos de dos o cuatro páginas, como se procedía entonces.
El laborioso europeo tuvo que sustituir la eñe del idioma español
por otras variantes francesas, tales como la O, y la U con diéresis,
e incluso tuvo que poner tildes a palabras que no se acentúan.
En Las Tunas, el
primer libro editado –Flores del alma- data de 1860, y fue su autor
Manuel Nápoles Fajardo, hermano de El Cucalambé, quien solía firmar
sus trabajos con el seudónimo de Sanlope. La obra, una selección de
30 poemas en 64 páginas, se imprimió en la imprenta El Hórmigo,
situada en la calle Cruz Verde 4, hoy llamada Nicolás Heredia,
curiosamente, el mismo equipo impresor donde había visto la luz un
año antes el primer periódico de la ciudad llamado también así: El
Hórmigo.
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