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El primer periódico clandestino
cubano
Neiky Machado
Flores
El periodismo y la historia cubanos
comparten espacios comunes de represión y gloria.
Gobiernos autoritarios casi siempre traen aparejados
supresiones en la libertad de imprenta: así sucedió en
disímiles momentos de la colonia y en casi toda la época
seudorrepublicana de Cuba. Desde la propaganda
independentista, abolicionista o anexionista del siglo
XIX, hasta los periódicos que se opusieron a los
dictadores Gerardo Machado y Fulgencio Batista, la
prensa clandestina fue siempre fuente inagotable de
ideas renovadoras para esos órdenes sociales caducos. |

Eduardo Facciolo y Alba
nació el 7 de febrero 1829, en el poblado habanero de
Regla. |
La primera voz de la prensa cubana en contra
del régimen autoritario español se tornó La voz del pueblo cubano.
Un periódico que, con ese título, vio la luz el 13 de junio de 1852,
para convertirse en el primer periódico clandestino publicado en la
isla y también en el primero que entregara un mártir de la prensa
nacional. Mérito aparte tiene El Habanero, cuya circulación también
burló la censura colonial; pero este fue impreso en los Estados
Unidos.
DE CÓMO LA SITUACIÓN DE
LA ISLA DEVINO PERIÓDICO
Los propietarios y terratenientes cubanos que
se agruparon en la primera corriente reformista del sistema
colonial, ya en las décadas del 30 y el 40 del siglo XIX, perdieron
todas las esperanzas de obtener prerrogativas por parte de la
metrópoli y devinieron defensores de la anexión de Cuba a los
Estados Unidos. La abolición de la esclavitud en las posiciones
antillanas inglesas, a su vez, incentivó sucesivas sublevaciones
esclavas en La Habana y Matanzas; por lo que España envió al general
Leopoldo O’Donnell para calmar los exaltados ánimos criollos.
La historia inició con la represión a la
Conspiración de la Escalera una reprimenda terrible contra los
esclavos y las capas medias de negros y mulatos libres, y alcanzó
hasta los propietarios ricos implicados en la corriente anexionista
cubana, quienes utilizaban con frecuencia en su propaganda el
vocablo "independencia" o la frase "separación tiránica de España".
Desde las trincheras anexionistas se editó el primer impreso
clandestino cubano en La Habana, lugar donde se agrupó el Club de
Occidente, el más poderoso grupo de esta doctrina. (1)
La supresión de El Faro Industrial de La Habana
en el año 1851 y la encarcelación de su director John S. Trasher,
por su actividad en favor de la anexión de la mayor de las Antillas
a los Estados Unidos, fue uno de los pasos que condujo al
surgimiento de esta nueva publicación. Porque, ante la iniciativa
del mencionado Club de Occidente, de crear un periódico clandestino
que reflejara sus intereses, Trasher sugirió al periodista Juan
Bellido de Luna contactar con su amigo, el tipógrafo Eduardo
Facciolo y Alba.
Pero, ¿quién era Eduardo Facciolo y Alba? Pues
un hombre con esa suerte de mezcla criolla entre español y cubano,
que lo convirtieron en opositor de la dominación española sobre la
isla, especialmente después del fusilamiento del poeta Gabriel de la
Concepción Valdés (Plácido) como parte de la represión al movimiento
abolicionista cubano. Linotipista cuidadoso, sus méritos admiraron a
los eminentes intelectuales Cirilo Villaverde, José García Arboleda,
José María de Cárdenas y hasta a los norteamericanos propietarios de
El Faro Industrial de La Habana, quienes lo contrataron en 1844. Por
esos vínculos fraternales, ante la propuesta del corresponsal en La
Habana del periódico anexionista editado en Nueva York La Verdad, el
joven no dudó en aceptar.
EL PRIMER PERIÓDICO Y EL
PRIMER MUERTO
En un improvisado taller, con una imprenta
móvil, vieron la luz dos mil ejemplares de La voz del pueblo cubano,
cuyo subtítulo puso a correr a los soldados españoles: "órgano de la
independencia". El editorial que seguiría a semejante declaración
sería aún más revelador: nuestra causa es justa, sagrada y noble y
esperamos de nuestros hermanos, prudencia, valor, reserva y
desprecio a los cobardes delatores, precaución con los sospechosos y
espías, y de este modo La voz del pueblo cubano será oída desde el
confín americano hasta el antiguo continente donde residen los
tiranos.
Ciertamente el diario anexionista, desde su
primer número, superó las fronteras nacionales e, incluso,
importantes periódicos extranjeros publicaron fragmentos de sus
artículos. Mientras el resto de la prensa nacional no se dio por
enterada, y las autoridades se enfrascaron en descubrir la imprenta
y los implicados en cada una de las ediciones.
Una especie de baúl, al que llamaban sarcófago,
permitió los traslados de la imprenta por igual número de veces que
ediciones tuvo el periódico: cuatro. El segundo número circuló desde
el 4 de julio de ese mismo año, con un total de tres mil ejemplares
pero con el nombre de La voz del pueblo; el tercero se imprimió el
día 26 de ese mismo mes y el último nunca salió de la imprenta.
El 23 de agosto de 1852, una delación descubrió
a Facciolo mientras imprimía el cuarto número, cuando ya habían
adquirido una imprenta propia ubicada en la calle Obispo. Joaquín
Llaverías Martínez, quien investigó y sistematizó las principales
características de este periódico, esbozó de esta forma la
conversación entre las autoridades coloniales y el valiente
tipógrafo:
—¿Qué publicación es esta?
—Es la misma La voz del pueblo, no se moleste
usted, esta es la única prueba que se ha tirado, responde Facciolo.
— ¿Eres tú el autor del periódico?
—No, y desconozco a los que me trajeron la
forma y me pagaron para su impresión.
A pesar de que la acusación incluía a Juan y
Antonio Bellido Luna, Andrés Ferrer, Juan Atanasio Romero,
Florentino Torres, Juan Antonio Granados, Félix María Cassard,
Antonio Palmer, Ramón de Palma, Antonio Rubio, Ladislado Urquijo,
Ildefonso Estrada y Zenea, Francisco Pérez Delgado, Ramón Nonato
Fonseca, el joven tipógrafo de 23 años de edad se declaró culpable y
se le condenó a la pena de muerte en garrote vil. Al resto de los
implicados, en concordancia con cargos menores, se le impusieron
otras sanciones excepto a Juan Bellido de Luna y Andrés Ferrer,
quienes lograron escapar hacia los Estados Unidos.
Así, el 13 de septiembre de 1852 le fue
aplicada la pena de muerte en la Explanada de La Punta; pero ese día
también se convirtió para los periodistas cubanos en homenaje a la
valentía de los profesionales de la prensa clandestina, en un sitio
para la memoria de este, uno de sus muertos honorables.
Nota:
(1) Otros grupos anexionistas cubanos fueron: el de Las Villas –muy
relacionado con la actividad de Narciso López- y el de Puerto
Príncipe –que contaba con ramificaciones en Oriente-. Gaspar
Betancourt Cisneros, conocido como El Lugareño, lideró este último
grupo y comenzó a editar el periódico La Verdad, órgano de los
anexionistas cubanos en el exilio.
(Fuente:
CubAhora)
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