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Jueves, 05 de Junio de 2008
 

Así nació la prensa deportiva cubana

Jorge Alfonso

En los albores del siglo XX la actividad deportiva en Cuba era muy limitada y la prensa periódica existente le concedía escasa importancia, hasta el punto de solo publicarse pequeñas notas sobre las temporadas de jai-alai o del campeonato profesional beisbolero.


El llamado Palacio de los Gritos, ubicado en Concordia y Lucena, en la capital cubana.

En La Habana, los españoles seguidores del jai-alai,  juego de origen vasco, daban riendas sueltas a las emociones en el llamado Palacio de los Gritos, ubicado en Concordia y Lucena, mientras los nacidos en casa repletaban los graderíos del Almendares Park, próximo a la avenida de Carlos III.

Entonces, los redactores dedicados al deporte de las bolas y los strikes también lo denominaban pelota americana y no concebían que los peloteros superaran cada fin de semana la popularidad de la fiesta alegre vasca.

En el orden individual, los principales exponentes resultaban el negro criollo José de la Caridad Méndez y el peninsular delantero apodado Macala, de quien ignoraban que se llamaba Luis Gardoy.

Con la fama de Macala se hicieron frases callejeras, se le mencionaba en todas partes y no había otro ídolo armado de cesta que en punto pudiera compararse a él.

Había sombreros de paja "a lo Macala", camisas, corbatas y zapatos "a lo Macala" y el grito de ¡aire, Macala!, escuchado tantas veces en el piélago inmenso del Frontón de Concordia y Lucena, llegó a los rincones más remotos de la Isla y se convirtió en dicharacho y en estribillo, que iba de boca en boca, con ingenuidad deliciosa…

Hubo industrias que tomaron la expresión (hoy diríamos slogan) para la propaganda de sus productos, y así tenemos que la firma de Macala en ese comienzo del siglo andaba de aquí para allá y de arriba abajo, como una pesadilla muy grata.

Los revisteros de la época mencionaban a Macala sin quitarle jamás el trato respetuoso de "Don Luis".

Al revisar la prensa de entonces encontramos reseñas del jai-alai en las que se relata que "Don Luis perdió el partido estelar, pero, en cambio, se llevó la quiniela con sus incomparables saques de dos paredes que levantaban a la concurrencia en peso".

Todo eso, claro está, entre vítores ensordecedores y las consabidas voces de estímulo ¡aire, Macala!

Ahora produce asombro a la par que gratitud la revisión de cómo fueron en aumento los medios divulgativos de los deportes, cuando los cotidianos de mayor importancia solo destacaban en la primera plana anuncios de compañías navieras o esquelas mortuorias.

Parecía que en tal sentido se había dado un gigantesco paso de avance cuando los diarios de la noche ofrecían relatos, más o menos amplios, de lo sucedido por la tarde en el campo beisbolero capitalino.

Corría la temporada invernal en la pelota cubana y se instalaron líneas telefónicas desde el palco de la prensa a la redacción y, de tal suerte, era posible ofrecer versiones de los desafíos, ¡jugada por jugada!

La afición convirtió y hasta se sintió orgullosa de la era de conquistas vivida, porque gracias al cable, podía saberse el mismo día el resultado de los grandes espectáculos celebrados en el extranjero.

Vino después el radio y se pensó que en alcance, extensión y minuciosidad informativa, no podría llegarse mucho más lejos. A través de las ondas radiales resultó posible oír en cualquier sitio cuanto ocurría a distancia muy considerable.

Todo ese proceso cristalizó en poco más de medio siglo, durante el cual los estadounidenses hermanos Wright ejecutaron el primer vuelo en un aeroplano primitivo y surgieron los aviones con rutas trasatlánticas.

El señor José Manuel Govín, fundador y director del periódico El Mundo, fue el precursor de este quehacer a través de las páginas de su diario y puso en manos del notable costumbrista Víctor Muñoz la responsabilidad deportiva.

En los trabajos redactados por Muñoz siempre resultaron determinantes las ilustraciones del extraordinario dibujante Conrado Massaguer, quien dio vida a inolvidables retratos de famosos peloteros y pelotaris.

Atrás quedó la desusada nota "Ayer a las tres de la tarde en los terrenos del Almendares Park se batieron los eternos rivales…" para dar paso a la crónica con cierto aire literario, sin pedanterías, la cual captaba por igual la atención de los amantes beisboleros y de quienes gustaban de la buena y amena prosa.

Esa labor contribuyó a estimular los nobles sentimientos entre la juventud y el carácter técnico especializado de cada competencia permitió a los redactores de ayer sentirse con plena autonomía en la defensa del criterio.

Figuras prominentes de las letras cubanas prestigiaron el sector deportivo, especialmente los dedicados al béisbol, la equitación, las carreras de caballos y, posteriormente, el boxeo.

Entre ellos aparecieron escritores y poetas de altos vuelos como panegiristas y comentaristas. Un novelista de renombre universal, Emilio Bobadilla "Fray Candil"; el poeta Enrique Hernández Miyares, autor del soneto "La más hermosa"; o Manuel Serafín Pichardo, director de El Fígaro, estuvieron en el grupo de los pioneros.

Las razones eran muy claras, porque el deporte, como actividad emotiva y apasionante, interesa a todas las clases sociales e intelectuales de cualquier país.

(Fuente: CubAhora)
 

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