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Así nació la prensa deportiva
cubana
Jorge Alfonso
En los albores del siglo XX la
actividad deportiva en Cuba era muy limitada y la prensa
periódica existente le concedía escasa importancia,
hasta el punto de solo publicarse pequeñas notas sobre
las temporadas de jai-alai o del campeonato profesional
beisbolero. |

El llamado Palacio de los
Gritos, ubicado en Concordia y Lucena, en la capital
cubana. |
En La Habana, los españoles seguidores del jai-alai,
juego de origen vasco, daban riendas sueltas a las emociones en el
llamado Palacio de los Gritos, ubicado en Concordia y Lucena,
mientras los nacidos en casa repletaban los graderíos del Almendares
Park, próximo a la avenida de Carlos III.
Entonces, los redactores dedicados al deporte
de las bolas y los strikes también lo denominaban pelota americana y
no concebían que los peloteros superaran cada fin de semana la
popularidad de la fiesta alegre vasca.
En el orden individual, los principales
exponentes resultaban el negro criollo José de la Caridad Méndez y
el peninsular delantero apodado Macala, de quien ignoraban que se
llamaba Luis Gardoy.
Con la fama de Macala se hicieron frases
callejeras, se le mencionaba en todas partes y no había otro ídolo
armado de cesta que en punto pudiera compararse a él.
Había sombreros de paja "a lo Macala", camisas,
corbatas y zapatos "a lo Macala" y el grito de ¡aire, Macala!,
escuchado tantas veces en el piélago inmenso del Frontón de
Concordia y Lucena, llegó a los rincones más remotos de la Isla y se
convirtió en dicharacho y en estribillo, que iba de boca en boca,
con ingenuidad deliciosa…
Hubo industrias que tomaron la expresión (hoy
diríamos slogan) para la propaganda de sus productos, y así tenemos
que la firma de Macala en ese comienzo del siglo andaba de aquí para
allá y de arriba abajo, como una pesadilla muy grata.
Los revisteros de la época mencionaban a Macala
sin quitarle jamás el trato respetuoso de "Don Luis".
Al revisar la prensa de entonces encontramos
reseñas del jai-alai en las que se relata que "Don Luis perdió el
partido estelar, pero, en cambio, se llevó la quiniela con sus
incomparables saques de dos paredes que levantaban a la concurrencia
en peso".
Todo eso, claro está, entre vítores
ensordecedores y las consabidas voces de estímulo ¡aire, Macala!
Ahora produce asombro a la par que gratitud la
revisión de cómo fueron en aumento los medios divulgativos de los
deportes, cuando los cotidianos de mayor importancia solo destacaban
en la primera plana anuncios de compañías navieras o esquelas
mortuorias.
Parecía que en tal sentido se había dado un
gigantesco paso de avance cuando los diarios de la noche ofrecían
relatos, más o menos amplios, de lo sucedido por la tarde en el
campo beisbolero capitalino.
Corría la temporada invernal en la pelota
cubana y se instalaron líneas telefónicas desde el palco de la
prensa a la redacción y, de tal suerte, era posible ofrecer
versiones de los desafíos, ¡jugada por jugada!
La afición convirtió y hasta se sintió
orgullosa de la era de conquistas vivida, porque gracias al cable,
podía saberse el mismo día el resultado de los grandes espectáculos
celebrados en el extranjero.
Vino después el radio y se pensó que en
alcance, extensión y minuciosidad informativa, no podría llegarse
mucho más lejos. A través de las ondas radiales resultó posible oír
en cualquier sitio cuanto ocurría a distancia muy considerable.
Todo ese proceso cristalizó en poco más de
medio siglo, durante el cual los estadounidenses hermanos Wright
ejecutaron el primer vuelo en un aeroplano primitivo y surgieron los
aviones con rutas trasatlánticas.
El señor José Manuel Govín, fundador y director
del periódico El Mundo, fue el precursor de este quehacer a través
de las páginas de su diario y puso en manos del notable costumbrista
Víctor Muñoz la responsabilidad deportiva.
En los trabajos redactados por Muñoz siempre
resultaron determinantes las ilustraciones del extraordinario
dibujante Conrado Massaguer, quien dio vida a inolvidables retratos
de famosos peloteros y pelotaris.
Atrás quedó la desusada nota "Ayer a las tres
de la tarde en los terrenos del Almendares Park se batieron los
eternos rivales…" para dar paso a la crónica con cierto aire
literario, sin pedanterías, la cual captaba por igual la atención de
los amantes beisboleros y de quienes gustaban de la buena y amena
prosa.
Esa labor contribuyó a estimular los nobles
sentimientos entre la juventud y el carácter técnico especializado
de cada competencia permitió a los redactores de ayer sentirse con
plena autonomía en la defensa del criterio.
Figuras prominentes de las letras cubanas
prestigiaron el sector deportivo, especialmente los dedicados al
béisbol, la equitación, las carreras de caballos y, posteriormente,
el boxeo.
Entre ellos aparecieron escritores y poetas de
altos vuelos como panegiristas y comentaristas. Un novelista de
renombre universal, Emilio Bobadilla "Fray Candil"; el poeta Enrique
Hernández Miyares, autor del soneto "La más hermosa"; o Manuel
Serafín Pichardo, director de El Fígaro, estuvieron en el grupo de
los pioneros.
Las razones eran muy claras, porque el deporte,
como actividad emotiva y apasionante, interesa a todas las clases
sociales e intelectuales de cualquier país.
(Fuente:
CubAhora)
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