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Las Villas, tierra de patriotas periodistas
Mailén Aguilera Rivas
La prensa en Las Villas fue siempre un oficio
para valientes. Desde que Manuel de Sed y Colón trajo a lomos de
mulo la primera imprenta desde Camagüey, surgiría una relación
inseparable entre la devoción por la libertad y el amor por difundir
esas ideas independentistas en feroz cruzada contra la ausencia de
recursos, censuras medievales y persecuciones incesantes.
Grandes patriotas de nuestras memorias
escribieron en muchos diarios y revistas, particularidad desconocida
para la mayoría porque en la historia se prioriza el perfil
combativo, la actuación en el campo de batalla. Y pocos saben que
algunos insurrectos supieron ser también buenos periodistas.
En los últimos años del Eco de Villaclara, el
primer periódico de la región, Miguel Jerónimo Gutiérrez ejerció
como su redactor. El jefe mambí, cómplice del levantamiento del 6 de
febrero de 1869 y líder de los representantes por Las Villas a la
Asamblea de Guáimaro, colaboró mucho antes con La Alborada,
aparecida en 1856. Y para el periódico La Época, en 1866, compuso un
poema dedicado a Abraham Lincoln donde exaltaba su devoción por la
libertad. En 1881 sería redactor de El Destello.
El carismático patriota Eduardo Machado primero
ejerció como director de una de las publicaciones más notables de la
temporada: La Época, el periódico que más influencia tuvo no solo
en la vida local, sino que se hizo sentir en el resto del
territorio, pues sus ideas audaces y liberales, eran reflejo de los
deseos de los cubanos, ansiosos de una patria libre.
Uno de los periódicos mambises más importantes
de la contienda de 1895 fue Las Villas. Órgano oficial del Cuarto
Cuerpo del Ejército que daba partes sobre el estado de la guerra,
estuvo bajo la dirección del General Francisco Carrillo. El Capitán
Justiniano Pedraza era el redactor de El Nacional, órgano del
Cuartel General de la Brigada de Villaclara en 1898. También hizo
colaboraciones para El Pueblo y La Publicidad en la era
republicana.
Pero todos los anteriores solo tuvieron
ocasionales encuentros con el periodismo. Otras figuras villareñas
que también pueden calificarse como patriotas, sí dedicaron más
tiempo a esta ocupación. Fundaron publicaciones con sus recursos,
enfrentaron la más obcecada censura y escribieron sin cesar, con una
admirable constancia, para denunciar los males de la colonia y
después de la República. Tres fueron los principales representantes
de esta dualidad existencial: Manuel García Garófalo, Francisco
López Leiva y José Braulio Alemán.
GARCÍA GARÓFALO: EL
PERIODISTA CONSPIRADOR
Aunque nunca se involucró directamente al campo
de batalla, este villareño estuvo seis veces en prisión y a duras
penas se libró del paredón de fusilamiento. El calificativo de
"auxiliar de la revolución" que le otorgaron las autoridades
coloniales no podría ser más exacto: Don Manuel ejerció como el
constante enlace entre la ciudad y el campo insurrecto. Actúa como
confidente de Carlos Roloff y Máximo Gómez, labor que le ameritaría
los grados de Oficial del Ejército Libertador y luego los de
Coronel.
Comenzó como gacetillero en El Alba hasta que
su creciente prestigio le facilitó colaborar con publicaciones
habaneras del calibre del Moro Muza. La militancia política ocurrió
en periódicos progresistas de la provincia: La Perseverancia, El
Autonomista y La Vanguardia. El crítico sin trabas de los desmanes
de la metrópoli escribía también en las secciones Fuego Graneado de
El Nacional y Al rojo vivo en La Protesta.
En los años de la República siguió la acusación
esta vez a los males de una nación sin soberanía económica y
política.
Escribió muchos años para la revista variada La
Esquila en su sección Baratijas, al igual que en La Publicidad,
diario que prácticamente fundó y el cual dirigió desde 1929 hasta su
muerte en 1931. Aquí tendría la sección Quisicosas, lanza en ristre
contra el Diario de la Marina, la corrupción nacional, la
omnipresente miseria y el dominio norteamericano: "La gran araña de
la codicia yanqui, tiene a Cuba en sus redes; y se prepara a chupar
la codiciada manzana, que la torpe política cubana no ha sabido
defender".
Como corresponsal de Santa Clara escribió para
verdaderas leyendas del diarismo nacional como La Discusión, La
Lucha, El Fígaro y El País.
Ni el último día de su vida dejó de ser
Garófalo patriota y periodista. La mañana del 23 de abril de 1931,
horas antes de morir, escribió su último artículo, "Mi renuncia",
una despedida al periodismo y a sus postreras ilusiones políticas.
LÓPEZ LEIVA: UN CORONEL
REPORTERO
Este villareño de pura cepa se incorporó a la
lucha desde la Guerra Chiquita. Bajo el mando de Juan Bruno Zayas
combate en los alrededores de Santa Clara y las zonas de Sancti
Spíritus y Manicaragua, donde se ganó los grados de Capitán y luego
los de Jefe del Estado Mayor. Representó a Las Villas en la Asamblea
de Jimaguayú. Combatió en Mal Tiempo como un soldado más de las
tropas de Gómez y Maceo pero su arrojo en la batalla del Valle de la
Perla de Guacamayo encuentra su gratificación con los grados de
Teniente Coronel del Ejército Libertador, otorgados por el Titán de
Bronce. En 1896 llegó a Coronel de Caballería y en 1898 a Jefe del
Distrito de Villaclara.
Cuando no empuñaba el machete, Francisco López
Leiva escribía en los diarios. El primero fue El Colonial. Inspirado
por los encantos de la profesión, fundó en 1883 La Ideal, realizó
crónicas para El Mosaico y tiempo después dirigió El Liberal, La
Perseverancia y La Protuberancia. Después de la constitución de la
República, colaboró en las revistas de variedades La Esquila,
Renacimiento, Villaclara y el periódico La Publicidad, del que fue
director desde 1922 a 1925. Su firma apareció también en grandes
como El Fígaro y La Discusión.
López Leiva no cesó de escribir. El insurrecto
que alcanzó los grados de Coronel en el campo de batalla logró
también ser director de uno de los diarios más influyentes de la
región central. Para él, simplemente, la lucha se extendió a las
páginas del periódico.
JOSÉ BRAULIO ALEMÁN: EL
PERIODISTA TRAS EL INSURRECTO
Como patriota y luchador por la independencia,
José Braulio Alemán tuvo una encomiable trayectoria. Se levantó en
armas el 5 de septiembre de 1895 en la finca "La Vigía" bajo las
órdenes del Mayor General Manuel Suárez y solo ocho días después
obtuvo los grados de Teniente Coronel. Ascendió rápidamente a
Coronel y bajo órdenes de Máximo Gómez asumió el cargo de
Subinspector del Ejército Libertador. En la Asamblea de la Yaya fue
nombrado Secretario de Guerra. La confianza que le profesaba el
Generalísimo se evidenció al nombrarlo Jefe de Confidencias en la
Trocha de Júcaro a Morón.
Asistió a la Asamblea Constituyente como
representante de Las Villas. En 1909, como Senador de la República
bajo el mandato de José Miguel Gómez, dicta leyes que benefician al
campesinado y crea las Granjas-Escuelas Agrícolas.
A pesar de tan agitada existencia, Alemán
encontró momentos para el periodismo. El 17 de abril de 1886 creó el
diario El Horizonte, de corte liberal, acusador de males y reflejo
de la vida social de la colonia. De ahí son sus artículos "Erre con
erre", contra la corrupción administrativa, y "Veneno", en el que
alerta contra la degradación existente y la necesidad de un cambio
revolucionario.
El 30 de noviembre fundó el periódico La
Protesta con fines políticos Allí también denunció la especulación y
el creciente auge del bandolerismo. En La Defensa de 1891 publicó
el artículo "Planes y transacciones", que evidencia su crítica
implacable hacia el sistema y aquellos que buscan la salvación bajo
otra bandera: "Maldito sería el pueblo de Cuba si otra cosa hiciera,
si por su voluntad cambiara de cadenas. Maldito si no supiera
desaparecer antes de conformarse con la esclavitud."
El periodista valiente y acusador no se rindió
ante los cambios de dominación. Sus ocasionales colaboraciones en La
Publicidad, a pesar de su carrera política, demostraron que siempre
recordó con agrado sus años de agitador en las páginas de la prensa.
Estos y otros nombres se unen a los ya
consagrados en la memoria del tiempo que supieron combatir sus
deberes con la patria tanto en el campo de batalla como en las
rotativas. Muchos fueron antes periodistas que insurgentes. Otros,
cuando vieron que sus fuerzas o posibilidades no le permitieron
seguir empuñando el machete, prosiguieron la lucha mediante la
crítica certera y la incansable denuncia.
Referencias:
-Fernández Freijo, J. y
Fontanills Aquino, C. J. (1990) Publicaciones periódicas en Santa
Clara en el siglo XIX.
-Miró Argenter, José. Crónicas
de la guerra.
-Fernández Ramírez, Narciso.
(2003) La labor revolucionaria del santaclareño
-José Braulio Alemán Urquía
durante las últimas dos décadas del siglo XIX.
-Aguilera Rivas, M. y Figueroa
Ledón, J. (2007) Manuel García Garófalo en La Publicidad: una mirada
a la Cuba de 1921.
(Fuente:
Universidad Central de Las Villas, Cuba/ La
tecla)
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