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Manuel Sanguily
Las palabras como lanzas
Ivette Leyva
García
Cuando el joven Manuel Sanguily
abandonó la casa de su protector, sus allegados debieron
pensar que se trataba de un acto de rebeldía propio de
todo adolescente. De seguro esperaban que las
tribulaciones de la vida lo obligaran a regresar y
doblegarse a la voluntad de su tutor: hacer carrera
militar en España.
Pero esto no sucedió. El rechazo de
Sanguily a participar del mecanismo de subyugación de la
metrópoli española, sin haber arribado aún a la veintena
de años, sería el primer acto de una existencia dedicada
a la lucha por la independencia de Cuba. |

Manuel Sanguily y Garitte
(26 de marzo de 1848-23 de enero de 1925). |
Su actitud irreverente halló un canal propicio
en la palabra escrita. Prosas incisivas, de análisis críticos,
reflejaron su inconformidad con el estado de opresión y evidenciaron
su propensión al debate.
Durante la Guerra de los Diez Años, mientras
cumplía todo tipo de acciones militares que incluso lo elevaron al
rango de coronel, colaboró con publicaciones insurrectas, como La
Estrella Solitaria, El Cubano Libre y Boletín de la Guerra.
El hecho de alternar con otras misiones le
impidió a Sanguily concentrar sus energías en el frente intelectual
durante esta etapa. Por ello, su aporte en este campo se hace más
visible y significativo en periodos posteriores.
Así lo constata la publicación Hojas
Literarias. Fundada y editada por Sanguily a punto de iniciarse la
guerra del 95, fue dos veces acusada por apoyar sin ambages la causa
independentista.
Sin embargo, va a ser el desconcierto por la
revolución frustrada y la intervención norteamericana al final del
conflicto cubano español, el factor que propicie un realce de su voz
como nunca antes, y como pocas en el momento.
De ello son prueba los 66 artículos editoriales
publicados en el periódico La Discusión durante 1899: los mismos
que, pese a su alto valor político, Sanguily todo el tiempo
pretendió desconocer auxiliándose del anonimato.
Uno de los motivos de esta negación pudiera
radicar en las impurezas estilísticas que, con respecto al resto de
su obra, presentan dichos artículos.
La intensa actividad que llevaba a cabo
Sanguily como redactor principal de este periódico, desde el cual
denunciaba las verdaderas intenciones de la potencia "mediadora" y
arremetía contra quienes la apoyaban, no le dejaba el tiempo
suficiente para someter sus textos a la exquisita revisión
acostumbrada.
La trascendencia de estos artículos, sin
embargo, radicaba en la fuerza de su enojo, en la acritud con que
Sanguily describía el afán injerencista. En su editorial Delirio y
realidad, alertaba: "lo mismo es tener que ir a Washington a pedir
lo nuestro en inglés, que tener que ir a Madrid a pedirlo en
castellano".
En otro, denunciaba desde el título
¿Intervención o Absorción? los verdaderos propósitos hegemónicos de
la potencia norteamericana: "Con las armas americanas pretenden
impedir que seamos cubanos. Con la lengua de los americanos
pretenden que ni lo queramos siquiera..."
Desde que se oficializó la república
neocolonial, sus discursos dejaron de prevenir la dominación y se
concentraron en atacarla abiertamente. Así lo verifican sus
intervenciones ante el Senado en marzo de 1903, en contra del
Tratado de Reciprocidad Comercial y la venta de tierras a
extranjeros.
Aun en el último
artículo que publicara, meses antes de su muerte, Sanguily daba
constancia de su afán sin tregua por iluminar el juicio de los
cubanos ante la realidad de la mediatización, y de su fe en la
palabra como haz esclarecedor.
(Fuente:
Granma)
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