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Manuel del Socorro Rodríguez, el carpintero
bayamés
Ciro Bianchi
Una de las grandes preocupaciones del
presidente José Miguel Gómez (1909-1913) fue la de consolidar el
prestigio internacional de la naciente República de Cuba. Abrió
legaciones y consulados donde pudo hacerlo y facilitó de manera
invariable el dinero necesario para que siempre hubiese una
delegación cubana en congresos mundiales donde se trataban asuntos
que pudiesen contribuir al progreso de la Isla y en los que Cuba
pudiera hacer sentir su presencia. No se olvide que José Miguel se
percató antes que nadie de que la salud pública necesitaba de un
organismo que la rigiera y esa idea lo impulsó a crear el Ministerio
de Salubridad, el primero que existió en el mundo.
Pero a lo que iba. En 1910, José Miguel
repartió abundante remesa de casacas diplomáticas, y la República,
de guante blanco, encarnada en sus embajadores de carrera, o en
enviados especiales o plenipotenciarios, visitó Argentina, México y
Chile, de fiesta las tres al cumplirse cien años de sus alzamientos
respectivos contra España.
Por razones que desconocemos no envió el
gobierno cubano representación alguna a Colombia, que ese año
celebraba el siglo del inicio de su revolución. Pero en aquellas
fiestas, Cuba estuvo representada, en espíritu al menos, por un
carpintero. Un carpintero bayamés. Manuel del Socorro Rodríguez. Los
colombianos colocaron su ilustre efigie en el Salón de la Prensa,
que se inauguró el 20 de julio, fecha de la celebración. Y es que el
mestizo Manuel del Socorro Rodríguez, director de la Biblioteca
Pública de Santafé de Bogotá, es el iniciador del periodismo en
Colombia.
Nació en 1758. En su partida de bautismo se le
consigna como blanco, pero Francisco de Calcagno aseguraba que
«generalmente se le suponía mulato de condición etiópica». Muy
pobre, trabajó desde muy temprano como carpintero e, imposibilitado
de asistir a la escuela, aprendió a leer y a escribir en los mismos
lugares donde laboraba. Con el tiempo llegaría adquirir una
preparación excepcional para su época en Cuba. Fue entonces que,
mediante un memorial, solicitó empleo al rey Carlos III y pidió que,
antes de concedérsele, se le examinara. En el colegio de San Carlos
lo sometieron a prueba en las ramas de las Humanidades y salió tan
airoso que el mariscal de campo José de Ezpeleta, promovido de
Capitán General de la Isla de Cuba a Virrey de Santafé de Bogotá,
decidió llevarlo consigo y allí le encomendó la dirección de la
biblioteca.
Bajo los auspicios de Ezpeleta, que era
aficionado a las letras, Manuel del Socorro publicó, en enero de
1791, el primer número del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé
de Bogotá, por lo que es tenido como el iniciador del periodismo en
lo que entonces era el Nuevo Reino de Granada; la actual Colombia.
Cierto es que allí hubo antes (1789) otro
periódico, La Gaceta de Santafé, pero de vida tan efímera que apenas
se le toma en cuenta. La publicación que dirigía el cubano, en
cambio, se mantuvo durante cinco años y en sus páginas vieron la luz
importantes artículos sobre política, historia natural y literatura,
entre otros temas.
No acabaron con El Papel Periódico las andanzas
de Manuel del Socorro Rodríguez en el periodismo colombiano. A
partir de 1808 dirigió El Redactor Americano. Y otra publicación que
llevaba el nombre de El Alternativo del Redactor Americano. En el
primero se propagaban «cuantas noticias instructivas, útiles o
curiosas se adquiriesen en el Reino y fuera de él». Esto es, se
trataba de un periódico. El Alternativo... tendía más a lo que son
las revistas actuales, pues daba cabida a materiales extensos. Ambas
publicaciones aparecieron durante tres años, y tanto fue su éxito
que desde sus primeros números contaron en Santafé con más de 400
suscriptores, lo que era mucho por aquellos tiempos.
Finalmente el bayamés abrazó la causa de la
independencia de América. Llevó una vida austera, dedicada al
estudio y al cumplimiento de sus deberes. Habitó, desde que asumió
la dirección de la Biblioteca, en una pequeña habitación del mismo
edificio. Allí, en 1818, lo encontraron muerto, extendido sobre el
pedazo de madera que le servía de cama y envuelto en el tosco sayal
de los franciscanos.
Fue asimismo un inspirado poeta. Su poema Las
delicias de España es una muestra interesante de un gongorismo
elemental que el autor supo mantener sin embargo a lo largo de todas
las octavas que lo conforman. Octavas que muestran a ratos, al decir
de José Lezama Lima, «una calidad muy poco frecuente en la poesía de
su época en Cuba».
El rubio pelo en ondas desatado/
Festivo asunto le brindaba al viento/
Que jugando con él enamorado/
Esparcido doraba su elemento:/
Tunicelas de líquido brocado/
Tejidas con divino entendimiento,/
Cubrían sus blancas carnes primorosas/
Amasadas de lirios y de rosas.
Cuando pasó en el colegio de San Carlos
aquellas pruebas de Humanidades, también participó Manuel del
Socorro en un concurso de escultura. Dejó al campo a los dos
escultores que entonces se consideraban los más importantes de la
Isla. Pero esta parte de su obra, así como sus pinturas, apenas
llega a nosotros. Lezama alude a sus crucifijos tallados y a su
cuadro de la Santísima Trinidad, pero los da por perdidos.
(Fuente:
Juventud
Rebelde)
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