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Jueves, 15 de Noviembre de 2007


La imprenta de Murtra

Francisco G. Navarro

El 14 de noviembre debía ser una jornada a tener en cuenta por la cultura cienfueguera, habida cuenta que ese día de 1846 el inmigrante trinitario Don Francisco Murtra estrenó la primera imprenta de la villa. Y ni corto ni perezoso aquel Paco o Pancho, vaya Dios a saber, al día siguiente sacó a la calle la hoja Puerto de Cienfuegos, un suelto con noticias económicas y mercantiles costeado por algunos comerciantes de la población que florecía en la península de La Majagua.

“Esta hoja se publica ocasionalmente a expensas de varios vecinos de la villa y con conocimiento de la Autoridad. Vendemos a medio real el ejemplar en la imprenta de Francisco Murtra, y se dará gratis a los abonados de El Correo de Trinidad, a cuyo periódico se admiten abonados en ella”. Así proclamaba un primitivo anuncio comercial en la propia publicación pionera.

Apenas tres semanas más tarde aquel embrión del periodismo local adoptaría la forma de periódico bajo el membrete de Hoja Económica de Cienfuegos y ensancharía sus horizontes noticiosos con reportes de espectáculos y diversiones, más órdenes del Gobierno de la villa y corporaciones públicas.

De todo ello da cuenta el más notable de los bibliógrafos de esta ciudad, Luis J. Bustamante, quien en una alocución ante el Ateneo de Cienfuegos el 21 de abril de 1940 recordó que con anterioridad a la primicia editorial de Murtra la población afrancesada dependía de la vecina Trinidad para toda clase de impresos y el gobierno local cuando necesitaba comunicar cualquier disposición ordenaba su publicación en El Correo de Trinidad, periódico que veía la luz en la villa de las empedradas calles.

La Hoja Económica tuvo el monopolio de la incipiente prensa cienfueguera hasta el año 1855, cuando Eduardo Freixas establece la segunda imprenta y con la publicación de El Fomento, bisemanario mercantil y económico, de modas, teatro y variedades le hace la competencia a Murtra.

Cuando en 1860 La Hoja se reforma en profundidad, incluida la transformación en diario y el aumento del paginado, adopta el nombre de El Telégrafo y es designado como órgano oficial del Gobierno de la Jurisdicción bajo la dirección de Enrique Edo. Además de su fundador habían figurado como directores los señores Fernando Pié Faura y Adalio Scola.

La tatarabuela de nuestras imprentas plantó tienda en el Paseo de Vives (Prado), entre San Fernando y Argüelles, en un local conocido como la Casa de Manene, donde mismo, hermanos Lumiere mediante, existiría luego el cine Cienfuegos.

A la propia casa editora Murtra le cupo el honor de publicar también y en el mismo año de 1846 el primer libro de la villa: Memoria histórica, geográfica y estadística de Cienfuegos y su Jurisdicción, obra de Don Pedro Oliver y Bravo. Dos ejemplares de tal joya bibliográfica de apenas 52 páginas son atesorados por la sala de Fondos Raros y Valiosos, de la Biblioteca Provincial.

Valga la aclaración que si el Puerto de Cienfuegos inauguró la prensa impresa en la villa fundada por Don Luis De Clouet, ya en 1825; apuntan los Pablos (Rosseau y Díaz de Villegas) en su Memoria descriptiva, histórica y biográfica de Cienfuegos (1920) y como resultado del entusiasmo de jóvenes amantes de las letras, apareció El Ético, una jocosa publicación que El Fundador se encargó de prohibir tras el quinto o sexto número al malinterpretar ciertas alusiones a su augusta persona. Con la cual el coronel de los Reales Ejércitos legó también su nombre a la historia como el primer censor de la villa fundada a la sombra de una majagua centenaria.

En el referido discurso ante el foro cultural de la ciudad por antonomasia, Bustamante alertó aquel día primaveral de 1940 que “las mejores fuentes de información de nuestra antigua Fernandina de Jagua casi han desaparecido, unas veces por la desidia de las autoridades municipales -llamadas a velar por la defensa de ese acervo común- y otra por lo iconoclastas que siempre hemos sido los cubanos, destruyendo lo antiguo, como si el pasado nos amenazara”.

Los comentarios huelgan.

Pasados 67 años del SOS del Bibliógrafo Mayor, cuántos fondos más valiosos que raros han confirmado la tesis filosófica de que la materia ni se crea ni se destruye, pero lamentablemente se transforma.

(Fuente: gacetadejagua)
 

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