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La imprenta de Murtra
Francisco G. Navarro
El 14 de noviembre debía ser una jornada a tener en cuenta por la
cultura cienfueguera, habida cuenta que ese día de 1846 el
inmigrante trinitario Don Francisco Murtra estrenó la primera
imprenta de la villa. Y ni corto ni perezoso aquel Paco o Pancho,
vaya Dios a saber, al día siguiente sacó a la calle la hoja Puerto
de Cienfuegos, un suelto con noticias económicas y mercantiles
costeado por algunos comerciantes de la población que florecía en la
península de La Majagua.
“Esta hoja se publica ocasionalmente a expensas de varios vecinos de
la villa y con conocimiento de la Autoridad. Vendemos a medio real
el ejemplar en la imprenta de Francisco Murtra, y se dará gratis a
los abonados de El Correo de Trinidad, a cuyo periódico se admiten
abonados en ella”. Así proclamaba un primitivo anuncio comercial en
la propia publicación pionera.
Apenas tres semanas más tarde aquel embrión del periodismo local
adoptaría la forma de periódico bajo el membrete de Hoja Económica
de Cienfuegos y ensancharía sus horizontes noticiosos con reportes
de espectáculos y diversiones, más órdenes del Gobierno de la villa
y corporaciones públicas.
De todo ello da cuenta el más notable de los bibliógrafos de esta
ciudad, Luis J. Bustamante, quien en una alocución ante el Ateneo de
Cienfuegos el 21 de abril de 1940 recordó que con anterioridad a la
primicia editorial de Murtra la población afrancesada dependía de la
vecina Trinidad para toda clase de impresos y el gobierno local
cuando necesitaba comunicar cualquier disposición ordenaba su
publicación en El Correo de Trinidad, periódico que veía la luz en
la villa de las empedradas calles.
La Hoja Económica tuvo el monopolio de la incipiente prensa
cienfueguera hasta el año 1855, cuando Eduardo Freixas establece la
segunda imprenta y con la publicación de El Fomento, bisemanario
mercantil y económico, de modas, teatro y variedades le hace la
competencia a Murtra.
Cuando en 1860 La Hoja se reforma en profundidad, incluida la
transformación en diario y el aumento del paginado, adopta el nombre
de El Telégrafo y es designado como órgano oficial del Gobierno de
la Jurisdicción bajo la dirección de Enrique Edo. Además de su
fundador habían figurado como directores los señores Fernando Pié
Faura y Adalio Scola.
La tatarabuela de nuestras imprentas plantó tienda en el Paseo de
Vives (Prado), entre San Fernando y Argüelles, en un local conocido
como la Casa de Manene, donde mismo, hermanos Lumiere mediante,
existiría luego el cine Cienfuegos.
A la propia casa editora Murtra le cupo el honor de publicar también
y en el mismo año de 1846 el primer libro de la villa: Memoria
histórica, geográfica y estadística de Cienfuegos y su Jurisdicción,
obra de Don Pedro Oliver y Bravo. Dos ejemplares de tal joya
bibliográfica de apenas 52 páginas son atesorados por la sala de
Fondos Raros y Valiosos, de la Biblioteca Provincial.
Valga la aclaración que si el Puerto de Cienfuegos inauguró la
prensa impresa en la villa fundada por Don Luis De Clouet, ya en
1825; apuntan los Pablos (Rosseau y Díaz de Villegas) en su Memoria
descriptiva, histórica y biográfica de Cienfuegos (1920) y como
resultado del entusiasmo de jóvenes amantes de las letras, apareció
El Ético, una jocosa publicación que El Fundador se encargó de
prohibir tras el quinto o sexto número al malinterpretar ciertas
alusiones a su augusta persona. Con la cual el coronel de los Reales
Ejércitos legó también su nombre a la historia como el primer censor
de la villa fundada a la sombra de una majagua centenaria.
En el referido discurso ante el foro cultural de la ciudad por
antonomasia, Bustamante alertó aquel día primaveral de 1940 que “las
mejores fuentes de información de nuestra antigua Fernandina de
Jagua casi han desaparecido, unas veces por la desidia de las
autoridades municipales -llamadas a velar por la defensa de ese
acervo común- y otra por lo iconoclastas que siempre hemos sido los
cubanos, destruyendo lo antiguo, como si el pasado nos amenazara”.
Los comentarios huelgan.
Pasados 67 años del SOS del Bibliógrafo Mayor, cuántos fondos más
valiosos que raros han confirmado la tesis filosófica de que la
materia ni se crea ni se destruye, pero lamentablemente se
transforma.
(Fuente: gacetadejagua)
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