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Marcelo Pogolotti, de la vanguardia plástica al periodismo
Miralys Sánchez Pupo
Dino Pogolotti llegó a Cuba a finales del siglo XIX, en busca de nuevos aires para el futuro de la familia, cuando se iniciaba la intervención norteamericana en la Isla. Logró contar con un amplio terreno donde levantó un tejar en las afueras de la ciudad cuando ganó una subasta para la construcción de casas destinadas a obreros en la barriada de Marianao. Muy cerca estaba su vástago de nueve años, a quien llamó Marcelo, que devendría en importante figura de la cultura cubana como pintor, dibujante, escritor, además de ejercer el periodismo.
La urbanización que se acompañó con viviendas muy modestas fue inaugurada con el nombre de Redención en 1911. Pero primó el recuerdo del rigor y la gracia del italiano que escogió a Cuba como el destino de su vida y la población lo rebautizó hasta nuestros días como Pogolotti, área inseparable de la humildad de sus moradores vinculados a fuertes trabajos o encerrados en las fábricas junto a la tiranía de las máquinas.
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El intelectual, óleo sobre tela del año 193,
original autobiografía plástica
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Marcelo alcanzó
una fuerte formación marxista desde muy
temprano y aprendió a organizar al máximo su
tiempo para sacarle el mayor provecho
intelectual. Pero no olvidó el disfrute de una
vida donde tenía espacio para la amistad que
lo enlazó por sus afinidades con Alejo
Carpentier y Herminio Almendros. Durante los
años de la Segunda Guerra Mundial se reunían
los tres con republicanos españoles y judíos
en el bar Cabañas, ubicado en la esquina de
Peña Pobre y Avenida del Puerto donde se |
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alimentaron sus inquietudes sociales en
búsqueda de una salida a la situación de
aquella época.. |
Graziella, destacada intelectual cubana y nieta de Dino, afirmó: "Mi padre leía de todo lo humano y lo divino: Literatura, Artes Plásticas, Historia, Economía, Filosofía. Esta última fue una de sus inquietudes permanentes. También tenía tiempo para escribir, lo que hacía directamente en una vieja máquina Underwood". Así se fue preparando el despegue del futuro hombre dedicado a las artes plásticas y al periodismo.
El título de la exposición del Museo Nacional El siglo de Pogolotti, realizada recientemente en su homenaje, resultó muy acertado al sintetizar su obra y pensamiento involucrados en el intento por conocer las claves de la centuria donde vivió. Aspiró a desentrañar la madeja de sus conflictos, el racionalismo, la máquina y el hombre que ocuparon el espacio de sus pinturas con un estilo muy definido, pero que se presentó también en sus textos de divulgación artística e histórica para distintos medios de prensa.
Las ondas del éter conocieron a Marcelo Pogolotti en la emisora CMZ del Ministerio de Educación a donde hacía llegar sus comentarios sobre el moderno ambiente tecnologizado como contenido de las artes plásticas. En muchos espacios en este medio catalogados como polémicos demostró con el valor de las palabras el dilema del hombre y la máquina presentado a través de su pintura con la dureza geométrica de la fábrica y las suaves líneas sinuosas de las figuras humanas sin ojos que tipifican su reconocido estilo vanguardista.
La amplia cultura de Marcelo Pogolotti despertó el interés de algunas revistas especializadas por contar con su firma desde 1940. Mientras, varios diarios de la época, entre ellos El Mundo, contaron con sus habituales trabajos sobre la cultura cubana y latinoamericana que constituyeron la cualidad fundamental de su hacer periodístico. En esta publicación se encuentra la más completa colección de sus trabajos periodísticos realizados hasta 1960.
Las preocupaciones de Pogolotti por la condición humana y los peligros que se cernían sobre ella fueron presentadas de forma elegante y cuidadosa en sus líneas publicadas en ese periódico de perfil burgués. El acomodo siempre histórico cultural de sus apreciaciones le permitió mantener sus colaboraciones periodísticas. Pero sus sentimientos se presentaron de forma más descarnada con las referencias pictóricas de la vida de los trabajadores en las instalaciones de los centrales azucareros. La pintura abstracta presente en sus lienzos formó parte de una búsqueda y depuración de los problemas que el capitalismo colocó como un grillete ante la clase obrera.
Por eso Graziella afirma que "su trayectoria de artista está enlazada a la de su generación, a las búsquedas de los años veinte. El movimiento intelectual que se gestó en torno a la Revista de Avance tuvo mucho que ver con él. Pero el rango de sus inquietudes de orden intelectual, esa enorme curiosidad por todas las instancias de la realidad, lo diferenciaron de sus coetáneos."
La síntesis de la vida de Pogolotti está llena de preocupaciones presentes a través de su labor como artista plástico y como periodista que aparece en una obra nada entendida por sus contemporáneos. Ella representa una original autobiografía plástica que lo presenta en la cercanía de su vieja máquina Underwood que tituló El intelectual.
En el óleo sobre tela del año 1937 aparece la angustia y soledad que lo acompañó en buena parte de su vida junto a las herramientas que utilizó para luchar junto a los obreros desde la vanguardia en la pintura. También resume el afán difusor de un pensamiento que nunca lo abandonó al afirmar ante su permanente insomnio por el futuro ". quiero saber lo que va a pasar mañana". Esa es la estela de inquietudes que dejó como herencia ante los problemas de orden humano el también periodista cultural Marcelo Pogolotti.
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