El
tesoro de Robreño
Marta Denis Valle*
Una circunstancia casual
animó a Eduardo Robreño a buscar en su prodigiosa memoria y
en la papelería familiar, hasta alcanzar una especie de
segunda vida de fama y simpatía en la sociedad cubana.
Ya con buena parte de la
existencia profesional transcurrida en la abogacía, a la
edad de 49 años comenzó a escribir y para su propia
sorpresa, se convirtió en afamado periodista, escritor y
comentarista de costumbres; además, teatrólogo, investigador
y profesor.
Desde su tatarabuelo
catalán José RobreñoTort, todos sus ancestros eran gente de
teatro y de tanto frecuentar ese mundo, aprendió la técnica
aunque en realidad nunca antes pensó, en serio, seguir ese
camino.
Seis meses de reposo,
operado de una rodilla lesionada, parecían medio año perdido
pero aquella inmovilidad resultó todo lo contrario.
Quien guarda siempre tiene,
escuché decir muchas veces a personas ancianas de otros
tiempos y, pensándolo bien, ese es el caso de nuestro
personaje en cuestión, nacido y criado en barriadas
habaneras, testigo del mundo cultural de su época y dotado
de poderes para memorizar y contar.
Es así que de un enorme
baúl de recuerdos empieza a extraer poco a poco lo que será
un valioso tesoro.
Escribió, primero,
Historia del teatro popular cubano (1); después participó en
concursos (2) y, casi al mismo tiempo -a partir
de 1961-,
le toma
el gusto al periodismo en la prensa, la televisión y la
radio.
El anecdotario musical y
costumbrista constituyó la sustancia de algunas de sus
numerosas colaboraciones en diversos medios.
Su voz se hizo habitual
desde la década del 70 en Radio Rebelde y en Radio Taino, en
los 80. El programa Memorias tuvo gran audiencia.
De sus 25 años en la
Revista Bohemia, abrió con la serie Las esquinas de La
Habana; además, en esta publicación y en Verde Olivo insertó
numerosas notas en una sección titulada y ¿Qué pasó en
Cuba?
Luego esas pequeñas
historias recreadas se van convirtiendo en libros (3), como
ocurrió con una selección de Las esquinas… que
dedicó a su
gran amigo Emilio
Roig de Leuchsenring, y de ¿Qué pasó en Cuba?, incluidas en
Cualquier tiempo pasado fue…
Allí refiere anécdotas
diversas, hechos históricos, fechas y personajes de la
sociedad cubana, de forma sencilla, gracia y amenidad.
Robreño
fundamentó su preferencia por esta forma de narrar:
Lo anecdótico
tiene que ser forzosamente histórico y considero que es la
manera mejor de adentrarse en la historia, dice en la
introducción de
Como me lo contaron…
Pone de
ejemplo el caso de la vida de Napoleón; un estudiante
recordara la anécdota del fanguito que impidió maniobrar la
artillería francesa en la batalla de Waterloo y seguramente
le interesará la continuación del relato de este
acontecimiento histórico.
El espacio televisivo La
canción cuenta su historia, tuvo unos 25 libretos suyos:
Mujer Bayamesa de Sindo Garay; la habanera tú, de Eduardo
Sánchez de Fuentes, Pensamiento de Rafael Gómez (Teofilito),
Longina de Manuel Corona y, por último, el cha-cha-chá La
engañadora, con la participación de su creador Enrique
Jorrín.
Aunque
no le gustaba aparecer ante la cámara, hizo un programa de
un año (Que república era aquella), junto al periodista
Mario Kuchilán y la cantante y actriz María de los Ángeles
Santana, con libreto de Enrique Núñez Rodríguez..
Fue autor de las obras
teatrales Recuerdos del Alhambra (música de Anckermann) y
Quiéreme mucho, musicalizada por Gonzalo Roig, estrenadas en
el Teatro Martí por el
grupo
Jorge Anckerman.
En Como lo pienso, lo digo,
emplea no solo la memoria sino también la investigación al
ofrecer detalles interesantes sobre Jorge Anckermann,
Federico Villoch, Rodrigo Prats, Ernesto Lecuona, Rita
Montaner, los hermanos Robreño, el Alhambra, junto a los
géneros vernáculo y la zarzuela.
Notas:
(1) Historia del teatro popular cubano.
Nota preliminar de Emilio Roig de Leuchsenring. La Habana,
Oficina del Historiador de la Ciudad, 1961.
(2) En 1962 recibió
mención
de teatro (El
último mosquetero) y obtuvo el premio en un concurso sobre
la alfabetización (La palabra se hizo realidad) y
el
de
crónica de la Revista Trabajo (Tres danzones y
tres épocas), y
también
al año siguiente con Doña Sara nos quitó la
levita.
(3)
Cualquier tiempo pasado fue… (Editorial
Letras Cubanas,
1978),
Antología del Teatro Alhambra (Letras Cubanas, 1979),
Como me lo contaron, te lo cuento (1981), Como lo pienso, lo
digo (Ediciones
Unión,
1985), y
escrito
en este papel (Editorial
Oriente1989),
Patricios en La Habana (1993) y
Del
pasado que fue (1998).
*
La
autora es historiadora y periodista.
|
Eduardo
Robreño Deupy (1911-2001)
Al nacer el 23
de septiembre de 1911 -hace un siglo-, sus ojos
se abrieron a una Habana que constituyó fuente
principal de sus vivencias recreadas en miles de
anécdotas mucho tiempo después. También
motivaron su inspiración el teatro, la música,
la cultura y, prácticamente, todo lo humano.
Fue colaborador
de las Revistas Bohemia, Verde Olivo,
los periódicos Trabajo y
Juventud Rebelde, la radio y la
televisión.
Cuando falleció
el 24 de junio de 2001, era prolífico escritor
costumbrista, con varios libros publicados y más
de ocho mil cometarios radiales, una especie de
cronista de su época.
Desde los cinco
años frecuentó con su padre camerinos y salas de
ensayos, a los nueve años escuchó una Opera, y a
partir de 1920 vio cuanta compañía extranjera
visitó la capital.
Fue el hijo
menor de Gustavo Robreño Puente (1873- 1957),
famoso autor y director teatral, primer actor
del teatro Alhambra, periodista y humorista.
Amó ese mundo,
sin embargo, se hizo Licenciado en Ciencias
Políticas, Sociales y Económicas (1937) y Doctor
en Derecho Civil en la Universidad de La Habana
(1938), aunque en la época de estudiante y
recién graduado incursionó en la radio sin
lograr plaza fija.
Dirigió el
Grupo Jorge Anckerman del Teatro Martí
(1965-1970), con Núñez Rodríguez de director
literario y Rodrigo Prats, musical. |
(Cubaperiodistas.cu)