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El periodista antecedió al narrador
Miralys Sánchez Pupo
La síntesis periodística que estuvo presente en la obra de Alejo Carpentier, siempre fue el valor más estimado por sus lectores. Desde el conjunto de esa prolija actividad presente en la sección Letra y Solfa del caraqueño diario El Nacional, se adelantan esbozos que culminarán en sus primeras novelas con espacios y personajes dibujados por su labor de cronista que convirtieron al futuro narrador en fuente de sí mismo.
Araceli García-Carranza, bibliógrafa del periodista cubano de órbita universal, ha expuesto su tesis de que fue esa labor profesional la que lo llevó tras sus reportajes a su novedosa conceptualización de América, mientras completa sus apreciaciones con la certeza de que por siempre el periodista antecedió y nunca desapareció del narrador galardonado con el Premio de Literatura Miguel de Cervantes, la más alta condecoración de su tipo en idioma español.
Los resultados de esta actividad fueron como un llamado a los colegas de oficio, que pudieron advertir a través de las muestras carpentereanas una simbiosis entre el periodismo y la narrativa. La manifestación más fiel de esos resultados se presentaron de forma concentrada en títulos como Los pasos perdidos, El acoso, El siglo de las luces y los relatos de Guerra del Tiempo: Semejante a la noche y El camino de Santiago.
Los trabajos que escribió el periodista sobre la realidad latinoamericana se fueron ampliando hasta llegar al punto del ensayo, donde logró demostrar la capacidad profesional nunca abandonada de una síntesis acompañada por su especial capacidad de asombro. Con ella en sus herramientas de labor alcanzó una escritura consuetudinaria en los diarios de la época para presentar el sello de un maestro de la profesión que ejerció el difícil trabajo del diarismo sin disminuir el uso de técnicas más modernas.
La papelería de los trabajos carpentereanos publicados en la prensa periódica mostró sus relaciones entre los géneros utilizados con una impecable presentación de un contenido donde latía un mundo diferente que necesitaba alcanzar una apreciación más justa. De esa forma el periodista cubano contribuyó al esclarecimiento para alcanzar un enfoque más realista de un continente castigado desde la óptica de una observación de vitrina a que estaban acostumbrados los profesionales europeos.
Carpentier defendió a partir de su propio ejemplo como periodista, la necesidad del contraste entre dos mundos sometidos a manifestaciones totalmente diferentes. En su llamado para reclamar las relaciones válidas entre el hombre de América y los contextos ignorados por otros apareció entre otros trabajos, en el artículo "Una carta de Goethe", del 2 de agosto de 1955, donde anota:
"¿Quién sería lo bastante loco para emplear las palabras "complaciente", "apaciguadora", "circunspecta", al hablar de nuestra naturaleza, aún sin domar, que arroja un ciclón sobre la isla de Cuba cada otoño, promueve terremotos en todas partes, inunda ciudades, reconquista constantemente , con su vegetación, los espacios de tierra que el hombre renunció a labrar?"
Constituyó al mismo tiempo una muestra de didactismo que mostró la obstinación de un celoso explorador de las palabras del idioma español para llevar a la tinta de imprenta sólo lo más apto. En esta línea incluyó sus propios trabajos ante una severa crítica aún de aquellos que desde los primeros instantes mostraron valores antológicos en los géneros del artículo, el comentario y la crónica.
El propio Carpentier estableció la clasificación del periodismo que hizo desde 1922, cuando llegó a la redacción del diario habanero La Discusión, hasta 1959, en cuatro grandes etapas. Pero consideró la de mayores valores los trabajos realizados a partir de 1945 por la actualidad de aquellos comentarios sobre la actividad artística o literaria del momento, a pesar de la brevedad de las líneas que fueron capaces de captar el interés de un amplio segmento de lectores.
En esa labor del diarismo estuvo una de las fuentes de una genial obra de ficción y un motivo de estudio vigente de los especialistas del campo literario actual, que nunca podrán desatar las amarras del insigne profesional del periodismo con la tesis de lo real maravilloso de nuestras tierras, donde late América Latina con la pluma de una personalidad de una vanguardia más allá de nuestro continente.
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