
Por Francisco Pascasio Blanco Ávila
(Blanquito)
Landaluze:
viaje a la semilla
Tal vez resulte una irreverencia utilizar el título de
una de las obras más representativas de lo “real
maravilloso” en la narrativa de nuestro Alejo
Carpentier. Todo lo contrario, lo que voy a contar
también parece producto de la fantasía y sin embargo
está basado en hechos concretos.
El protagonista de la historia es nada menos que el
afamado pintor, dibujante, y grabador costumbrista
bilbaíno, Víctor Patricio de Landaluze.
Independientemente de su posición crítica contra todo lo
que contribuyera a nuestra cubanía, idiosincrasia, e
independencia; fue un excelente artista y su obra
–ampliamente divulgada y reconocida en Cuba--supera por
mucho su pésima actitud política.
Nos
referiremos a las indagaciones que sobre el humorismo
satírico en la prensa española hiciera el autor
sevillano Manuel Barrero sobre los orígenes de esta
especialidad gráfica y la historieta en la prensa de la
época, fenómeno este último que surge por primera vez en
lengua española, pero paradójicamente, en Cuba no en la
península.
Según él, en el segundo tercio del siglo XIX la prensa
satírica –-entonces colonia española—ofrecía signos
evidentes de un nuevo lenguaje secuencial todavía en
pañales, que más tarde sería reconocido como historieta
en Cuba, comics en los Estados Unidos, y tebeos en la
propia España.
En mi escasísimo tiempo libre como
caricaturista-editorialista en el diario o el semanario,
ocupado fundamentalmente en pulsar la actualidad, pude
dedicarle pocas horas a desapolillar archivos tanto en
el Instituto de Literatura y Lingüística como en la
Biblioteca Nacional “José Martí”, por tanto me resultó
una sorpresa que el destacado investigador español me
citara en el trabajo que bajo el título de “Arqueología”
publicó en el Núm. 14 (Vol. 4), de junio del 2004, en la
REVISTA LATINOAMERICANA DE ESTUDIOS SOBRE LA HISTORIETA,
de la Editorial Pablo de la Torriente. Y cito
textualmente:
“…Blanco
Ávila acertó a señalar que el origen de la historieta
cubana habría que buscarlo en las obras que el firmante
“Landaluce” destinó a las publicaciones EL MORO MUZA y
DON JUNÍPERO, señalando como punto de partida la difusa
fecha 186…” y sin dar indicaciones de por qué
consideraba historietas aquellas obras (1992:7)…”
Lo cierto es que en “Fumetti a Cuba”, libro publicado en
1992 por Dario Mogno, Nessim Vaturi y Luigi F. Bona, en
una coedición de Studio Metrópolis-La Borsa del Fumetto
(Italia) y la Editoral Pablo de la Torriente (Cuba),
habíamos publicado un trabajo titulado “Il Fumetto della
Stampa Cubana” donde enumeraba una breve cronología de
la especialidad en nuestro país y que comencé en estos
términos:
“…Durante la segunda mitad del siglo diecinueve se
desarrolló un curioso género de protohistorieta en las
imágenes populares de los cromitos (postalitas) que
venían en las (marquillas) envolturas de los
cigarrillos. Más de 3932 publicadas.
186…EL MORO MUZA. Historieta autoconclusiva de
Landaluce.
1862-1866. DON JUNÍPERO. Varias historietas de
Landaluce.
1866-1874. Juan Palomo. Secuencia “El Tabaco” (6 viñetas
de Landaluce)…”
Pido
disculpas a nuestros vecinos por la deficiente
traducción del italiano, pero de imperfecciones está
lleno el mundo, y en él vivimos. Otra observación de
Manuel Barrero a dicho trabajo es que se nombre al autor
como Víctor Patricio de Landaluce en vez de Landaluze,
además el artista firmaba a veces con el seudónimo de
Bayaceto. (Agradezco pues la corrección en mi nombre y
en el de mis vecinos).
De estos párrafos en cursiva viene la referencia
apuntada por el maestro Barrero, mas mi intervención un
tanto dubitativa resulta intrascendente, pero da pie a
reproducir sus opiniones, y sobre todo que por su
escrito se puede situar la fecha exacta en que esto
ocurrió.
Mis pesquisas solo alcanzaron a rozar fechas y trabajos
aproximados, debido a las condiciones de los ejemplares
de la época, colecciones incompletas, y su pobre estado
de conservación, amén del limitado tiempo empleado para
ello. Lo importante es lo que descubre el colega
español.
De esta información sintetizo lo siguiente: En el Número
25 de LA CHARANGA (31-1-1858) hace exactamente 154 años,
aparece un juego de imágenes litografiadas sin título,
alusivas a la idiosincrasia de La Habana.
Sin embargo tanto el autor de dicha investigación como
yo, situamos su verdadero origen dos meses después,
cuando la propia revista, en varias ediciones
consecutivas No. 31 (14-3-1858) al No. 33 (28-3-1858),
bajo el título de “Croquis marítimo” Landaluze no solo
desarrolla las contradicciones entre las labores del
cabotaje y los amores de una pareja, sino que lo hace en
una tira de viñetas, y los personajes protagónicos se
mantienen fijos e identificables aunque no se nombren.
Otro aporte de la serie es precisamente su seguimiento
en ediciones próximas, aunque tampoco se le señale
específicamente, con lo que marca también el debut del
“Continuará…” Tan socorrido después por las tiras
cómicas, las radionovelas, y los culebrones televisivos.
Espero haberlos dejado satisfechos con estos ejemplos de
protohistorietas en nuestro país, pero prometo abundar
sobre los orígenes en Cuba, de eso que mucho más
adecuadamente el maestro Will Eisner llamara “Arte
Secuencial”.